Sólo mensajeros, trato personal (SMTP)


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Esta historia trata de un emprendedor, un amigo que me contaba su revolucionaria idea delante de un café:

– Quiero montar una empresa novedosa, una mensajería

– Pero qué me dices, eso no es ninguna novedad

– La mía sí. No tendrá oficinas, sólo mensajeros, y dará un trato personal a los clientes. La llamaré “SMTP”.

– Ese nombre me resulta familiar… ¿Cómo funcionará?

– Muy sencillo: Cada barrio tendrá su propio mensajero que recogerá y entregará personalmente las cartas a los vecinos.

– ¿Y las cartas que se envíen de un barrio a otro?

– No hay oficinas centrales, y eso le da una flexibilidad enorme. Los mensajeros intercambiarán los mensajes entre ellos, en la calle.

– Pero puede haber barrios muy grandes, ¿Un solo mensajero?

– No, hombre… como te decía, se permite mucha flexibilidad: En algunos barrios se repartirán el trabajo entre dos mensajeros; Los vecinos darán sus mensajes a un mensajero que estará encargado de salir del barrio a entregarlos. Lo llamaremos el mensajero “saliente”, y otro será el encargado de entregar los mensajes que vengan de otro barrio. Los llamaremos mensajeros “entrantes”. Incluso, si es necesario, puede haber varios encargados de estas tareas. Sólo es necesario que los mensajeros conozcan a los vecinos, para saber dónde entregar los mensajes.

– Y los vecinos a los mensajeros

– Sí, está claro: Los vecinos a sus mensajeros y los mensajeros a sus vecinos.

– ¿Y los mensajeros? ¿Se conocerán entre sí?

– Lo he estudiado, y verás, son muchos barrios, muchas ciudades…. eso no va a ser posible.

– Mmm, ya, pero cualquier persona podrá hacerse pasar por mensajero y entregar paquetes al mensajero de otro barrio.

– Sí, tienes razón, pero no creo que eso suponga un problema

– ¿Que no? En cuanto tu empresa tenga un poco de éxito mucha gente querrá utilizarla para enviar su publicidad, sólo tendrán que imprimir miles de octavillas e ir a buscar a los mensajeros “entrantes”

– Pues es verdad… ya se me ocurrirá algo. La publicidad se reconoce fácilmente, el vecino que quiera podrá dar orden a su mensajero para que tire a la basura aquellos mensajes que considere que no querrá leer. Será un filtro.

– Sí, pero eso no será suficiente, créeme. Cambiarán los sobres, la letra,…

– Bueno… pues permitiremos que los mensajeros de los barrios que lo deseen, puedan pedir el DNI a quien traiga un mensaje, y lo apuntarán en el sobre. Si los vecinos rechazan demasiados mensajes del mismo origen, se apuntará en una lista para no recoger más mensajes suyos. Los mensajeros “entrantes” no aceptarán mensajes de quien tenga “mala reputación”

– Mmm, eso puede funcionar… pero aún así tus mensajeros correrán arriba y abajo con demasiados mensajes inútiles.

– Pues no sé…. Una cosa más: El barrio que quiera también podrá pedir a su mensajero que no acepte mensajes de barrios que no existan, o si quien los entrega no aparece en las páginas amarillas como mensajero, o si el mensaje viene de un barrio en el que no vive la persona que lo entrega.

Incluso podrán publicar una lista de sus mensajeros en el callejero. Los mensajeros “entrantes” no aceptarán mensajes que procedan de un barrio de este tipo si quien lo entrega no aparece en esa lista.

– SPF…

– ¿Cómo?

– Nada, nada, sigue contándome… Son buenas ideas, pero aún se te escapará algún mensaje.

– Ya, pero no sé… lo siguiente sería cortar las manos de quien no sea mensajero, je je….

– Sí, no podrás hacer mucho más, pero tu empresa me gusta. Quizás te hayas equivocado de ámbito, ya que de alguna manera lo que me has contado me recuerda al motor que se esconde detrás de cada mensaje de correo electrónico que recibimos: el SMTP.

– Qué curioso, se llama como mi empresa….

– … y funciona casi, casi, como tú lo has descrito, sólo que en internet sí se puede “cortar las manos” a muchos de los que no son mensajeros: Simplemente hay que bloquear el puerto 25 de los usuarios domésticos. Algunos proveedores de acceso a internet lo hacen, y no supone mayor problema. Al contrario: contribuye a que descienda la cantidad de spam.

– Vaya…

La conversación cambió de rumbo y mi amigo, sin darse cuenta, había reinventado el funcionamiento del correo electrónico y su lucha contra el spam.


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