Tras la pandemia, ¿nos mudamos al Edge?

Es muy posible que el concepto de moda en esto del Cloud Computing sea, ahora, el Edge Computing. Se entiende que ambos conceptos están muy relacionados y que, cuando nos referimos al Edge, estamos hablando de un caso particular del más general Cloud Computing. De hecho, como veremos, el Edge no existe sin la nube.

En un entorno post-COVID, entender y explotar el Edge será decisivo. Para entender hacia dónde vamos, podemos echar la vista atrás y examinar cómo fueron los primeros años en el uso de los ordenadores en las empresas.

Al principio, los ordenadores eran demasiado caros como para que cualquier empresa se pudiese permitir más de una unidad, y lo que se hacía era disponer de terminales conectados al ordenador central, que hacían uso de éste, compartiendo slots de tiempo de CPU. Esos terminales eran utilizados por los trabajadores que, dadas las prestaciones del ordenador central y de las propias aplicaciones, apenas notaban que estaban compartiendo nada con los demás compañeros. Con el paso del tiempo, llegaron al mercado los ordenadores personales (sí, los PC y también los Mac y otros) y pasamos a un modelo descentralizado, en el que cada PC disponía de la potencia y capacidad de cómputo necesario para realizar las tareas.

Con la llegada del Cloud se volvió a centralizar el cómputo en los hiperescaladores de la nube pública (estamos simplificando mucho, pero se entiende la idea). Ahora, el Edge Computing supone volver a descentralizar, una vez más, aunque en esta ocasión no lo hacemos al 100%. Llevamos parte de la computación y el análisis a los dispositivos en los que se generan los datos, pero todavía se necesita un «órgano central» para el procesamiento más exigente.

Ahora que trabajamos más tiempo en remoto, ¿es hora de pasar al Edge y dejar el Cloud?

Puede parecer que, habiendo expuesto esa evolución que comentamos, lo natural sería pasarnos al Edge e ignorar el Cloud, pero esto es poco realista. Si recordamos, el Edge Computing proporciona la capacidad de realizar parte del procesamiento necesario en el dispositivo en el que se generan los datos de interés. Esto es perfecto para sistemas en tiempo real que necesitan minimizar la latencia: si no hay tránsito, no hay latencia más allá del tiempo que lleva realizar el procesamiento.

De esta manera, con el Edge ganamos muchas cosas: menor uso del ancho de banda hacia y desde el servidor en el Cloud, rapidez y eficiencia. Esto ofrece considerables beneficios en muchos sectores y puede que, al enfrentarnos a la perspectiva de trabajar más a menudo (o de manera permanente) en remoto, pensemos que no es necesario mantener una infraestructura Cloud. Pero esto no es así, ya que lo que viene será la unión de ambos mundos, aprovechando lo mejor de cada uno de ellos en beneficio de la empresa y su productividad. El Cloud sigue vivo, y lo seguirá estando por mucho tiempo.

Trabajando conjuntamente con la computación en la nube y el Edge, nos pueden ofrecer todo lo que necesitamos: una respuesta rápida y procesamiento de gran volumen. Los algoritmos de análisis pueden ser desarrollados en el Cloud para, posteriormente, instalarse en los dispositivos del Edge, en los sensores de los dispositivos y en cualquier otro sistema que no posea capacidades analíticas.

Como es evidente, dependerá del proyecto en concreto y la aplicación que estemos desarrollando para elegir un modelo sobre el otro. En algunos casos, se preferirá primar la computación en el Edge, por ejemplo, para lo ya mencionado, aplicaciones sensibles al tiempo. Por otro, podemos optar por la computación en la Nube para abordar temas de seguridad, o satisfacer las necesidades de potencia del Big Data.

La mezcla de ambos mundos puede ser, con bastante probabilidad, lo que sea más frecuente en el futuro (no tan lejano), al unir lo mejor de cada uno en términos de costes y eficiencia. Los volúmenes de datos transferidos y los costes de ancho de banda impulsarán la fórmula que tenga más sentido tanto para los directores financieros como para los directores de IT.